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Descenso de corredor con la puesta de sol

Lionel lleva más de veinticinco años recorriendo las montañas de los Alpes con esquís. Vive a los pies de la cordillera de Belledonne, en los Alpes franceses, conoce cada rincón del lugar. Es donde su mirada se focaliza cuando se trata de organizar una placentera salida con esquís, sin las limitaciones que implican los imprevistos. Lionel nos lo cuenta.

4 Enero 2021

Esquí de montaña

Esquiar evitando sorpresas desagradables

Estamos a principios de diciembre de 2019 y los macizos de Isère (Francia), ya están recubiertos de un buen manto de nieve, así que se puede, sin dudarlo, hacer salidas habituales de principios de temporada. Como soy profesor de matemáticas y puedo conciliar mi profesión con mi pasión por la montaña, puedo ir organizando salidas antes o después de las clases cuando las condiciones son favorables. Pero en este caso, como el tiempo cuenta, mejor evitar los planes improvisados y aprovechar que conozco la zona. Aquel día, como sólo tenía tres horas de clase por la mañana, pude empezar el recorrido un poco después del mediodía. Sin embargo, tampoco era cuestión de demorarme mucho, ya que en esta época, el sol se pone muy pronto, y no se puede dejar nada al azar. Ya fui dos veces a esquiar a los corredores oeste de Grande Valloire. El desnivel es significativo, pero el itinerario lo conozco perfectamente y no hay tiempo muerto durante el ascenso. ¡El conocimiento de los lugares es una ventaja indispensable para este tipo de salidas!

© Lionel Tassan. La cara oeste de la Grande Valloire
 

Material: no dejes nada al azar

Me preparo el material el día anterior y lo cargo en el coche cuando voy a clase. Además de lo indispensable para el esquiador de montaña (esquís, pieles de foca, botas, el trío arva-pala-sonda), hay que añadir los accesorios que permitan progresar con seguridad en el corredor: unos crampones de aluminio serán suficientes con una nieve supuestamente profunda. Los LEOPARD servirán perfectamente y parece que no lleves nada en la mochila, ¡ya que sólo pesan 300 g! El ligero piolet RIDE (250 g) también tiene su lugar: nunca se sabe, a principios de temporada puede que haya un paso corto vertical con nieve y hielo. Tampoco nos podemos olvidar de proteger la cabeza: un casco será nuestro "ángel de la guarda" en caso de caída o de caída de hielo, y no sólo en el corredor. Sólo estamos en el inicio de la temporada e incluso en un terreno que nos pueda parecer fácil, nadie está a salvo de caer o encontrarse con rocas escondidas. El último casco METEOR ha sido certificado para el esquí y es ligero en la mochila para todo el ascenso con pieles. Por supuesto tiene su lugar natural en el material. Y no nos podemos olvidar de la linterna. Teniendo en cuenta la fecha (diciembre) y la hora de salida (después del mediodía), hay muchas posibilidades de que terminemos esquiando a oscuras al volver por el bosque. La pequeña frontal SWIFT RL es perfecta para llevar en la mochila si es necesario, con menos de 100 g para una potencia que puede llegar a los 900 lúmenes.

© Lionel Tassan. Saliendo del bosque, comienzo a abrir traza.

 

Abrir traza con especialistas

Poco después de empezar, hay que abrir traza. Aunque estemos cerca de las aglomeraciones de Grenoble, nos podemos alejar lo suficiente como para encontrar un poco de soledad. Una nevada y una salida entre semana y casi seguro que estaremos solos. Julien y Nicolas no son extraños en este deporte. Nicolas tiene más de veinte años de esquí en corredores a sus espaldas y fue uno de los primeros en cambiar a unos esquíes más anchos a principios de los 2000 cuando todavía se esquiaba con los esquís "ancho de cerilla". En cuanto a Julien, suele ir con su cámara fotográfica en bandolera, es su profesión y realiza reportajes de atletas como Paul Bonhomme. Es importante saberse rodear bien en las salidas en las que el tiempo cuenta. Somos free riders de los tiempos modernos, el pequeño equipo tiene experiencia y está en forma para realizar esta travesía disfrutando y en excelentes condiciones de seguridad.

 

Por encima del lago Blanc, el invierno en el valle de Arguille
El ataque del cono del corredor oeste, bajo la mirada del Rocher d'Arguille

 

El ascenso del corredor: un rito

Después de salir con sol, nos encontramos en la fría depresión del lago Blanc, bajo el collado de Arguille. Hay que ponerse una capa (de ropa) a la vez que el manto de nieve también se hace más espeso. En el cono que sostiene el corredor, abrir traza es todavía más agotador y nos preguntamos si tendremos que cambiar a modo crampones/piolet un poco más arriba. Pronto tenemos la respuesta... es como si estuviésemos nadando en nieve profunda. Mejor no mirar el reloj para calcular la velocidad de ascenso, nos preguntaríamos porqué sufrimos horas de ascenso para un recorrido por el que sólo se tarda unos minutos en descender. Intentamos algunas estrategias para ayudarnos a permanecer en la superficie: vamos en zig-zag de izquierda a derecha para buscar una nieve un poco menos densa, apoyándonos con las rodillas y bastones. Tanto los crampones como el piolet se quedarán en la mochila. Con estas condiciones en las que la nieve llega a veces hasta la barriga, unas aletas serían mucho más útiles... En la segunda parte del corredor, una goulotte central formada por pequeñas purgas de nieve superficial por fin permite poner los pies sin hundirnos. El ritmo ahora es más aceptable, pero el cansancio empieza a notarse mientras que el sol va descendiendo.


El ascenso del corredor: una goulotte central permite de hundirse menos
Julien en la parte superior del corredor, bañado por el Sol

 

La esencia de la travesía: el corredor y la luz

La luz empieza a tornarse dorada, a lo lejos, el mar de nubes que recubre el valle de Grésivaudan revela todo el esplendor de estas montañas. A pesar de la dificultad que se nos vuelve a presentar en la parte superior del corredor, ya sabemos, por si lo habíamos olvidado, lo que hemos venido a buscar: el placer de compartir una salida entre compañeros, sin el estrés por los aludes o por grandes pendientes y un paisaje de ensueño. Nuestra experiencia nos permite mantener un buen margen de tranquilidad en este tipo de corredores y apreciar la estabilidad de la nieve. Además, la belleza que nos rodea se ve ampliada por la luz decreciente del atardecer.

16h. Nos detenemos a algunos metros de la cima. Empezamos a ver rocas que sobresalen de la nieve en algunos lugares y nos movemos a paso de caracol sobre la nieve granulosa que recubre las rocas. Ahora ya sólo nos queda esquiar. Justo el tiempo para recuperarse y prepararse para el descenso. Sólo nos queda una media hora antes de la puesta de Sol. Admito que disfruto tanto de las vistas como del esquí. Con una luz así, la salida toma una dimensión superior. Aunque solemos esquiar en las puestas de sol, nunca nos cansamos de contemplar esta belleza.


Esquí en la puesta de sol: ¡un final para cortar el aliento!

 

La seguridad hasta el final

La media hora antes del crepúsculo es suficiente para descender el corredor y llegar a la entrada del bosque sin iluminación artificial y con prudencia. No olvidamos que en caso de que algo vaya mal a esa hora, el rescate tendría lugar por la noche y con frío. Durante el descenso hay que mantener el control. Sabemos que la nieve es estable, y ahora nos toca a nosotros ser precavidos para evitar una sorpresa desagradable al esquiar demasiado fuerte.

El descenso está a la altura de nuestras expectativas y el paisaje lo hace todavía más increíble. Julien y yo nos tomamos el tiempo de hacer una sesión de fotografías a Nicolas que se convierte en nuestro modelo obediente: «¡Ve allí y da la vuelta, haz un giro a la derecha aquí!». Con una luz así, saboreamos los últimos instantes de luz y los inmortalizamos.
La nieve está excelente en el corredor orientado hacia el oeste y ya a 2.700 m de altitud. En diciembre, la nieve no se mueve aquí. Sólo el viento podría empeorar las condiciones.

Esquiando en el corredor oeste de la Grande Valloire

 

Epílogo

En la parte inferior del corredor, volvemos a la sombra y dejamos de hacer de periodistas. Las curvas se alargan, acompañadas de pequeños gritos de placer y de nieve en la nariz. El trío se desliza pendiente abajo por la Grande Valloire sin detenerse y aprovechando los últimos rayos de sol rojizos en el pequeño rincón bajo el lago Blanc, completamente tapado por la nieve y el hielo. Un poco de eslalon sintiendo el aire fresco bajo los primeros árboles, marca el final de esta tarde de esquí, muy cerquita de casa. Ahora ya sólo queda recuperar el calzado de aproximación e ir descendiendo por el sendero, con la iluminación de la linterna frontal, ¡pero también bajo las estrellas que nos iluminan!

 

Mientras el Sol se pone definitivamente, las últimas curvas antes de sumergirse en el bosque

 

El corredor

  • Pico de la Grande Valloire (Belledonne)
  • Corredor oeste
  • Datos técnicos: 4.3/E2/PD+ 350 m
  • Desnivel total: 1800 m
  • Punto de salida: puente de la Valloire, valle del alto Bréda
  • Reseña: Toponeige Belledonne, édition Volopress, Volodia Shahshahani
  • Mapa IGN 1:25000: Allevard 3433OT
 
 

Material

  • Esquís de 95-100 con patín para nieve polvo
  • Pieles de foca 100% mohair para deslizar
  • Fijaciones con inserciones ligeras
  • Botas adaptadas al descenso vertical (4 ganchos)
  • ARVA – pala - sonda
  • Crampones de aluminio
  • Piolet de aluminio (pero hoja de acero)
  • Casco ligero certificado para el esquí
  • Linterna frontal para la vuelta

 

Mejor época:

  • Diciembre – abril

 

 

 

 

 

 

 

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