Las vías que ascienden por la cara norte de las Grandes Jorasses suelen describirse como "duras" o "complicadas", pero esto no ha impedido que los escaladores eslovenos Luka Lindič y Luka Krajnc se propusieran un nuevo reto y aprovecharan la oportunidad que les ofrecía un paréntesis de tiempo estable para hacer el primer ascenso en libre de lo que ya ha dejado de ser una vía de escalada artificial… y para lograrlo solamente tuvieron que pasar tres gélidos días en una impresionante pared de 1.000 metros de altura. 

 
Luka Lindič nos cuenta esta aventura.

Luka Lindič et Luka Krajnc

 

 Fuera del camino trillado

 Tras un largo y crudo invierno, consulté una vez más el parte meteorológico, por si acaso. ¡Vaya, parece que el pronóstico no es nada malo! Llamé a Luka Krajnc, mi colega de Eslovenia, y enseguida pusimos rumbo a Chamonix. En principio íbamos a escalar la vía Gousseault-Desmaison en la cara norte de las Grandes Jorasses, pero el día antes de salir nos dijeron que otros dos equipos se nos habían adelantado y ya tenían planeado hacerla. Como no nos va mucho el inevitable «efecto manada» que te arrastra cuando tienes que seguir a otra gente, decidimos plantearnos otro objetivo y lanzarnos a por la Rolling Stones, una vía aún más dura que asciende por la misma pared y que todavía no se había hecho en escalada libre.

 

 Complicado, más duro de lo planeado, desalentador… ¡perfecto!

El primer día hicimos la aproximación con los esquís y cargados como mulas con todo el material. Montamos una pequeña tienda justo al pie de la vía y pasamos la tarde disfrutando de la perspectiva que nos ofrecía la pared. Teníamos las cosas bien claras: queríamos hacer la vía entera en escalada libre. No teníamos ni idea de si eso era posible, pero la verdad es que nos gusta bastante toda la incertidumbre que plantea este tipo de aventuras. A la mañana siguiente empezamos lo que creímos que no pasaría de ser una salida de escalada de tres días, pero ya en el segundo largo pudimos ver que la verticalidad era extrema y que íbamos más lentos de lo esperado. Tras una jornada completa en la pared, tallamos una repisa en una pequeña sección de hielo y nos preparamos para pasar una noche de todo menos cómoda.

 

© Luka Krajnc

© Luka Krajnc
 
 

A la mañana siguiente nos sentíamos poco optimistas y bastante cansados, y eso que todavía no habíamos llegado a la parte más difícil. Un complicado largo de flanqueo fue la puerta de entrada al terreno verdaderamente vertical, y eso ya nos exigía el máximo grado de compromiso con la vía. Ese día completamos un largo detrás de otro sin que se relajara el nivel de exigencia, y por suerte encontramos una buena repisa para vivaquear. La suave luz de la mañana nos ayudó a preparar la batalla que teníamos por delante: estábamos ante el punto crucial de la vía.

 

© Luka Krajnc

 

Los dos primeros largos nos sirvieron de calentamiento para llegar a la reunión desde donde partía el tramo más difícil, de grado A3. A primera vista no parecía tan complicado, lo que me sirvió para tranquilizarme un poco y seguir adelante sin pensármelo dos veces. La primera parte fue bastante bien y tenía buenos seguros, pero todo se complicó al pasar un punto en el que había un viejo tornillo oxidado. Justo ahí la verticalidad aumentaba y, para poner las cosas aún peor, nos encontramos con tres enormes bloques medio sueltos, una situación nada envidiable cuando escalas con una sola cuerda. Con el miedo en el cuerpo, subí rodeando los bloques con toda la prudencia de la que soy capaz, pero sin colocar ningún seguro durante unos metros. El extraño sonido de los bloques al moverse no ayudaba mucho a mantener la calma… en fin, tras unos minutos más de cautela, finalmente llegué a la reunión. ¡Bravo, lo conseguí! Los dos siguientes largos no eran tan exigentes, pero desde luego no tenían nada de fáciles. Aunque solo hicimos siete largos ese día, montamos el tercer vivac en la pared sin poder borrar la sonrisa de la cara, y no era para menos: habíamos hecho el tramo decisivo de la vía en escalada libre. Pasamos la tarde muy tranquilos, y el saber que el resto de la vía atravesaba un terreno mucho más «sencillo» nos hacía saborear el triunfo. 

 
 
© Luka Krajnc© Luka Lindic
  
  
 No cantar victoria antes de tiempo
 

La mañana siguiente amaneció con fuertes vientos. Un manto de nubes descendía hacia nosotros desde el norte, y no pasó ni una hora antes de que nos viéramos tiritando en la niebla y azotados por el viento del norte. Antes de que pudiéramos darnos cuenta, todo ―tanto nosotros como el paisaje que nos rodeaba― quedaba cubierto por una capa de hielo. No podíamos creer lo que nos estaba pasando, pero lo cierto es que la situación era grave. Sabíamos que si algo salía mal y nos veíamos obligados a parar, la cosa no iba a pintar nada bien para nosotros. Poco antes de caer la noche logramos hacer cima y descendimos unos cien metros por la cara sur hasta que el viento amainó.

 
 
© Luka Krajnc
 
 

En medio de la niebla no conseguíamos localizar la ruta de descenso, así que decidimos vivaquear de nuevo. La mañana del último día de nuestra aventura amaneció con un cielo azul y despejado que nos permitió bajar sin problemas hasta Courmayeur. En total fueron seis días desde que dejamos el coche hasta que lo retomamos de nuevo.

 

Una vez más hemos podido escalar una vía espectacular en nuestro estilo preferido, simple y con el equipo mínimo. Hemos hecho un primer ascenso en libre y pudimos abordar cada largo a vista. Estimamos que el largo más difícil fue de M8, que atravesaba un tramo bastante peligroso en el que hay que escalar por unos grandes bloques medio sueltos. Hay al menos otros tres largos de grado M7, y varios de M6. Sin embargo, y como siempre, los números no cuentan toda la historia.

-- Luka Lindič

 

 Vía y topografía

© Luka Lindic

© Luka Lindic et Luka Krajnc
 

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