La legendaria Ragni del Cerro Torre -más conocida en España como Ferrari al ser él autor del libro de la ascensión- tiene la misma edad que Eneko, ambos nacieron en 1974. Siempre fue la ruta más respetuosa para subir el Cerro Torre, y después del desequipamiento de la Maestri del año pasado se ha convertido en la vía de referencia. Los Pou han hecho la última escalada de la temporada de la que hay noticias, con el Hongo en sus malas condiciones habituales a diferencia de las asombrosamente idóneas que hubo al principio.

Cincuenta centrímetros de la típica nieve azúcar, la habitual escarcha que hace terriblemente comprometida la escalada del Hongo cimero, esperaban a los alpinistas al final de la temporada. Y, al ver las condiciones, la moral de las cordadas que se colocaron en su base el 20 de febrero cayó en picado. "Creo que aquí nos hemos quedado", confiesa Eneko que le dijo pesaroso a su hermano. Con las recientes tormentas, el Hongo ha recobrado su penoso estado habitual, poniéndoselo más difícil que a buena parte de las más de 100 ascensiones que esta ruta ha visto durante este año de récord.

Para llegar hasta allí, tan cerca y a la vez tan lejos de la perseguida cumbre, los dos hermanos habían partido el 16 de febrero con 21 kilos en la mochila. En dos etapas, compartidas con otras cordadas que intentaban aprovechar la, posiblemente, última ventana de la temporada, habían recorrido los 40 kilómetros que llevan al Filo Rosso. Allí, mientras algunos renunciaban y otros llegaban, decidieron esperar un día debido al mal tiempo. El 19 de febrero necesitaron 5 horas para los últimos 1.000 metros que les separaban de la base de la Ragni. "No era nuestro plan inicial acabar aquí -explica Eneko-, ya que es una de las vías más físicas que se puedan escalar en la Patagonia y nosotros llegábamos con cero de físico. Diversas lesiones en las piernas y sendos proyectos de escalada deportiva nos habían llevado a no entrenar prácticamente nada de aeróbico. Pero una fuerte nevada los días anteriores dejó sin apenas posibilidades a la idea inicial de escalar en roca, con lo cual la "Ragni di Leco" al Torre era la mejor de las opciones".

El 20 de febrero a las 4:15 h de la madrugada, sale del vivac la primera de seis cordadas. Los Pou parten quince minutos más tarde y cogen la delantera a partir del segundo largo de mixto. Después de los dos increíbles verticales largos del Headwall están en la base del Hongo, preocupados. dos cordadas más alcanzarán este lugar y tres ya se han retirado. La ruta ha seleccionado y quiere seguir haciéndolo como ha hecho desde 1974, el año que Eneko nació, cuando la abrió el grupo formado por Daniele Chiappa, Mario Conti, Pino Negri y Casimiro Ferrari.

"Después de un rato descansando y estudiando las diferentes posibilidades -explica-, y viendo que ninguno de los compañeros que está en ese momento en el collado se encuentra mucho mejor que nosotros, exceptuando Max que todavía no ha aparecido, decido intentarlo. Tras limpiar toda la zona inconsistente, 50 cm, después de la nieve voy encontrando hielo, y aunque a punto estoy de caer en varias ocasiones peleo con "uñas y dientes" para salir airoso de uno de los mejores largos de mi vida". Desde la cima asegura a su hermano Iker, y van llegando las dos cordadas (Silvestre Barrientos con Rubén Pérez "Ino", y el guía Max Odell con Gilberto Bueno) que les siguen.

Eneko resume así su vivencia: "Creo que es indescriptible la ilusión que se siente en la cima del Torre. Puede que esta montaña, sin ánimo de exagerar, sea la más bonita del mundo. Para cualquier escalador es un sueño, para nosotros también, y además desde que éramos pequeños. Tiene tanta historia, tanta leyenda y tanta controversia, que no es difícil sentirse sobrecogido escalando cada uno de sus largos".

Los hermanos Pou suman así el doblete con la otra gran montaña patagónica, el Fitz Roy, que escalaron en 2007. Más allá del éxito deportivo, para Eneko hay algo más importante: "El compañerismo demostrado por todos los equipos en esta montaña ha sido ejemplar: Nos hemos ayudado durante el ascenso, el descenso, hemos compartido información, comida..." que le lleva a calificar así su nueva estancia en el Chaltén, pueblo de escaladores: Pura vida.